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La pequeña se ha convertido en una bendición

     
 

A nadie le impactó tanto la noticia de que Julliette Zoé Torrales Carmona venía en camino como a su hermana Shilianette Carrillo, que tenía 15 años y era hija única.

“Estaba visitando a mi papá (fuera de Puerto Rico) y cuando llegué al aeropuerto mi mamá me dice que está embarazada”, comenzó a contar.

“Cuando chiquita yo quería tener hermanos pero ya de grande no. Dije ‘no, no la quiero, yo no la voy a cuidar’. No quería que me hablaran de mi hermanita... Hasta que la vi en el sonograma y vi que el corazón le latía y empecé a llorar”, confesó llorando durante una entrevista reciente.

La actitud de Shilianette no fue lo único que cambió en el instante en que los latidos del corazón de su hermana por nacer se oyeron en el cuarto de sonogramas. El examen se le practicó a su madre tras haber experimentado sangrado vaginal temprano en el embarazo, y la alegría se convirtió en angustia ante el peligro de un aborto espontáneo.

“Fue impresionante porque me hacen un (sonograma) endovaginal y la veo tan chiquitita, veo el corazoncito latiendo, y que te digan ‘mira cabe la posibilidad de que no nazca...’”, recordó Jackeline Carmona al dialogar con El Nuevo Día acompañada también por su actual esposo, Francisco Joel Torrales, en el lugar donde finalmente nació su bebé, el Ashford Presbyterian Community Hospital.

Embarazo de alto riesgo

 

 

Su embarazo estaba en una etapa muy temprana y las probabilidades de que ocurriera un aborto eran altas; desde ese momento fue considerado de alto riesgo. Durante un mes no pudo ir a trabajar. El embarazo continuó con un monitoreo cercano, más aún cuando a los cuatro meses de gestación comenzó a experimentar dolores inusuales.

“Le habíamos comentado al ginecólogo, él me decía que era que la bebé se estaba acomodando. La persona que me hace el sonograma (esta vez) es quien me dice que tengo un fibroma de 7 centímetros”, explicó. De inmediato decidieron cambiar de médico.

En las semanas siguientes tuvo contracciones prematuras en múltiples ocasiones, por lo cual le recetaron medicamentos para controlarlas. Las visitas al obstetra se hicieron más frecuentes –cada dos semanas– y también el llanto. “Esas semanas fueron tan desesperantes, porque era todo tensión de si va a nacer o no va a nacer...”, describió Jackeline.

En una visita al médico, el monitoreo fetal registró una disminución en los latidos del corazón de Julliette Zoé. El doctor anunció que la bebé nacería.

A pesar de que Jackeline había tenido a su hija mayor mediante parto vaginal, el cuello de su matriz no había dilatado y se le practicó una cesárea de emergencia, que impidió a Francisco Joel estar en el nacimiento de su tercer retoño (él procreó a Alondra, de 7 años, y a Víctor, de 4, en una relación previa).

“Estaba bien nerviosa. Era bien desesperante ver a tanta gente corriendo hacia ti... No sabes qué está pasando, ellos te tapan y no ves nada. Más la preocupación de qué pasaría con ella. Me puse tan nerviosa que temblaba y solo lloraba y lloraba”, dijo agradeciendo el apoyo del personal médico. “Me sobaban, me hablaban”, recordó.

Momento del parto

 

 

En sala de espera Joel recibía el apoyo de amistades y compañeros que hasta le suplieron cámaras fotográficas.

Finalmente, a las 11:38 a.m. del 12 de junio de 2012 nació Julliette Zoé pesando 5 libras con 4 onzas. La angustiosa espera por verla había terminado, pero su familia tuvo que aguardar una semana más para llevarla a casa. Además de ser prematura, presentó problemas para succionar.

Ver a la bebé en la Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal revivió la agonía. Francisco Joel, que poco antes se había gozado el verla salir de sala de operaciones en incubadora, completamente desarrollada e idéntica a él, se estremeció.

“Nos dieron una breve orientación: ‘tienes que lavarte las manos bien, ponerte esta bata, no puede entrar más de una persona’. Son tantas precauciones que uno como que se asusta. Y cuando uno entra allí, verla con ese tubo (introducido por la nariz para llevar alimento a su estómago), con un tape (pegado a su carita), impactaba”, detalló.

Regresar a casa sin ella fue otro episodio doloroso. “Uno no tiene consuelo hasta que no los ve bien, hasta que no están contigo”, señaló Jackeline. La visitaron dos veces al día por una semana, celebraban cada gota de leche que lograba tomar, ya fuera lactando o con botella. La transfirieron a la Unidad de Intensivo Pediátrico hasta que logró tomar dos onzas y pudo ir a casa.

Aunque Julliette Zoé se ha desarrollado como una niña fuerte y muy inteligente (dice ‘aió’ –adiós–, tira besos, da palmadas), al mes de nacida sufrió el virus sincitial respiratorio, enfermedad común en prematuros que puede incluso causarles la muerte. Afortunadamente se recuperó y el pasado miércoles cumplió su primer añito.

“Ella es mi milagro de vida”, expresó Jackeline con satisfacción, mientras veía a sus dos hijas jugar y reír.

“Ahora yo soy loca con ella”, aseguró Shilianette. “Yo daría la vida por ella”. 

Por Aurora Rivera Arguinzoni/arivera@elnuevodia.com


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