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Una estación blanca, dos muchachos que observan a la gente que los rodea pero, sobre todo, a unos ingredientes que son parte de sus vidas. Avellanas en un frasco, una barra grande de chocolate, cacao molido y una cama de avellanas trituradas.

El chocolate empieza a derretirse, las espátulas, los cuchillos y otras herramientas de trabajo están sobre la mesa adornada en una esquina con avellanas molidas.

Una mitad de wafer recibe chocolate de una pistola, una avellana se coloca en el centro, y la otra mitad de wafer, ya con chocolate, cierra la creación. Y así los pasos dan forma a ese chocolate cubierto de avellanas trituradas. El olor atrae a curiosos, y no es exageración esto que sigue: el chocolate actúa como un imán.

Fue así como Luca Dellapiana y Davide Alessandria, chocolateros de Ferrero Rocher, confeccionaron ese chocolate con empaque dorado para el público que caminaba ansioso con sus compras navideñas en Plaza Las Américas el fin de semana previo al 24 de diciembre.

Los chocolatiers que llegaron desde Alba, Italia, estuvieron por el atrio central del centro comercial para dar a conocer el arte de confeccionar chocolate, en este caso, el Ferrero Rocher.

Rocher, ese chocolate compuesto de una avellana entera y wafer cubierta de chocolate y pedacitos de avellanas, nació en 1982 y con él muchos han crecido.

“El chocolate nos da pasión. Es maravilloso trabajarlo y es increíble lo que puedes hacer con él”, aseguró Luca Dellapiana previo a estar con la espátula repleta de chocolate derretido y que, con delicadeza, esparció en una base de mármol para enfriarlo y para que tomara mayor consistencia.

Más callado, y divertido con los amantes del chocolate que por allí se asomaban, Davide Alessandria, resaltó que una de las características de Ferrero es la avellana que se distingue por la manera en que la tuestan y que forma parte de la labor artesanal que requiere este producto.

Es que si algo destacan de un chocolate como el Rocher es “la calidad y frescura de los ingredientes”, como la describe Alessandria.

Dellapiana coincidió en que “la calidad, sobre todas las cosas” es el requisito que buscan desde cada uno de los ingredientes -como la selección de los granos de cacao, la leche en polvo, el azúcar- que forman parte de la producción para que el resultado sea el chocolate al que apuestan.

Entre pasión y parrandas

“¿Queréis un Ferrero Rocher, chicas? Pues ponerse a la cola”, le dijo un papá a sus hijas quienes con entusiasmo miraron la vitrina y extendieron su mano, con una sonrisa, para que la modelo Larissa Santiago les diera uno a cada una como al resto de los curiosos que querían dar un vistazo al proceso que requiere esa receta.

“Ay, qué rico. Yo quiero uno. Pero, ¿hablan español?”, se escuchó a una de las señoras desde la fila que se formó frente al booth de Ferrero Rocher en referencia a los chocolateros. Ambos trabajaban y conversaban entre italiano e inglés con el respaldo de Ross De Luca, gerente de servicio de comida de Ferrero, quien de vez en cuando hacía las de intérprete cuando las ideas se expresaban en italiano.

Dellapiana y Alessandria compartieron su entusiasmo de mostrarle a la gente “la pasión”, ese otro ingrediente esencial, de su trabajo.

Al reflexionar sobre eso que requiere un chocolatero, ese experto que como ellos se encarga de su fabricación, Alessandria comentó que es necesaria la experiencia.

“Cuesta trabajarlo y aparte de nuestra experiencia le damos nuestra pasión”, mencionó quien enfatizó el orgullo que les provoca trabajar el chocolate y mostrar parte de su proceso ante el público.

San Juan se convierte en el tercer lugar que visitan para este propósito pues lo han hecho desde las Navidades del año pasado en París y Londres.

Puerto Rico es la primera parada que tienen fuera de Europa. La experiencia les vino bien porque por su estación de trabajo pasaba una parranda y ellos estaban particularmente interesados en cómo pronunciar eso de una “parranda”.

El chocolate italiano tuvo, así, una banda sonora navideña de toque puertorriqueño.

Por Carmen Graciela Díaz / Especial El Nuevo Día


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